jueves, 16 de febrero de 2012

El factor humano


Hace ya unos meses me pidieron un prólogo para un poemario de varios autores y que pretendía servir (su venta) para llevar alguna ayuda a las víctimas del terremoto de Haití.
Que yo sepa aún no se ha publicado, pero yo titulé aquel prólogo "El factor humano", inspirado en la necesidad de que dicho factor, indispensable para muchas cosas, pudiera, en algún momento, reunir a un grupo de personas en una causa común solidaria y de acercamiento a un mundo mejor.

Hoy, jueves 16 de febrero del 2012, no existe nada más necesario que ese factor humano, que esa ecuación de emociones de que presumimos y que, sin embargo, tanto adolecemos.

El mundo, tal y como lo conocemos, no fue nunca un paraíso. El desprecio por el otro, el poco valor dado a las vidas ajenas, la insultante dejadez de piedad y compasión han sido la marca incuestionable de la desidia humana. La muerte es la única evidencia inevitable de la vida, pero su utilización masiva y precipitada parece más un deporte de multitudes que una excepción evitable.
Y hoy en día, gracias a los medios de comunicación, especialmente, podemos saber con meridiana exactitud en que lugar del mundo se vulneran una y otra vez eso que, igual que el factor, debería ser santo y seña de nuestra experiencia vital, los derechos humanos.

Sería imposible enumerar aquí ni siquiera una minoría de casos en que se atropellan esos derechos y que muestran claramente la falta de este factor humano tan escaso. Pero haremos un esfuerzo por intentar explicar algo de este despropósito que nos gobierna.

Está clara la división mundial entre norte y sur. Unos, los de arriba, que poseen el 80% de los recursos del planeta, como si el planeta fuera de su propiedad; y otros, los de abajo, que, escasamente disponen de un 20% de esos recursos, aunque siempre sean recursos escasos y mal gestionados. Pero es que, además, los que más tienen son un 20% de la población mundial, y los mas necesitados el 80% de la misma.
Con todo ello, ¿quién gobierna semejante disparate?. Si además contamos con la impagable amnesia de los poderes religiosos, acoplados a las arcas del capital y perdidos en singulares disputas pecaminosas y otras leyendas de milagros, santos y paraísos que conquistar, insisto ¿quién gobierna este disparate?. Pues muy sencillo, ELLOS. Si, ese 20% de engreídos habitantes que marcan como, dónde y cuando hacer las cosas que hay que hacer para que nada cambie, y si aparece algún resquicio de revolución, se sofoca, como sea y con el coste que sea.

De ahí las guerras fratricidas, los atentados, los gobiernos dictatoriales, el miedo global. De ahí las escusas para salvar del hambre a millones de congéneres (no es viable el bienestar general, porque puede hacer pensar a la gente, y el pensamiento es peligroso), ya que así es más fácil controlar su voluntad y sus recursos escasos.

Pero es que, además, de toda esa barbarie mundial, de ese despropósito en el reparto de las abundantes arcas del planeta, hemos llegado a un punto dónde el dolor y la vida ajena no valen nada, absolutamente nada. El egocentrismo campea a sus anchas por todos los rincones, nadie quiere perder nada, ni renunciar a nada, y para ello, si es necesario, se hace atropellando a quién sea, como sea y cuando sea. Educamos a nuestros hijos en la cultura del yo más inhóspito, les entregamos las armas del engaño, la manipulación y el insulto para sobrevivir siempre por encima de los demás. Nosotros primero, nosotros después, y si queda algo, para nosotros.

Las consecuencias de todo ello están al alcance de nuestras vistas en el día a día; pero más allá de nuestra calle, nuestra ciudad y nuestro país (maldita palabra que nos enfrenta más aún en la ceguera cretina del egoísmo) podemos observar como se producen crímenes horrorosos en lugares remotos, faltos de toda lógica y comprensión humanas. Torturas, asesinatos, esclavitud, limpieza étnica, emigración forzosa y criminal, y un sinfín de barbaridades difíciles de digerir.
Y en ese día a día comprobamos muy cerca de nosotros el cruel y cobarde asesinato, que en nombre de un falso amor posesivo, se gesta contra mujeres que han cometido el imperdonable error de luchar por su libertad y huir del horror.

Podría estar aquí, escribiendo y escribiendo sin parar sobre todos y cada uno de los casos más deleznables de la crueldad humana. Pero ya estoy cansado y me invade un hastío de vivir y luchar contra lo imposible, y una especie de rendición incondicional detiene mi voz y mis manos; al menos hasta el próximo crimen del siglo que me despierte, ese que sucede a diario en cualquier continente, en cualquier ciudad, en cualquier casa, en todos los rincones oscuros del alma humana más inhumana que pudiéramos conocer; en la profunda ponzoña de los corazones más oscuros, dónde el factor humano quedó extinto y olvidado para siempre.

Pero hay un crimen no sanguinario, limpio y casi invisible que supera todos los desatinos habidos y por haber; el de los niños hambrientos, los niños esclavos, los niños ultrajados y, sobretodo, el más horroroso de los crímenes, el de los niños soldados.

No hay más que decir, todo está ya escrito en la memoria del terror. Seguimos escasos, muy escasos del factor humano más humano de todos los factores: el amor. Y sin amor no hay ternura, ni piedad, ni tan siquiera la vida.

4 comentarios:

Paco Vivas dijo...

Joder......joder.....joder. Que vergüenza me da......lo siento....lo siento......pero no hago nada...joder.

Bracelli dijo...

Paco, lo siento yo, que como no veo tu rostro ni atisbo tu expresión... no sé qué sentido le quieres dar a tus palabras.
En todo caso es cierto que no hacemos nada, y eso es aún más triste. Saludos.

Paco Vivas dijo...

Lo ves? ahora siento que todavía no sepas, sin ver mi cara, el sentido de mis palabras.
Creía que me conocías lo suficiente. Pero te lo aclaro,no tengo palabras suficientes para expresar lo animales que somos todos.

Bracelli dijo...

Perdona, es que ayer no tenía un buen día (se notó, ¿verdad?)y ya veía fantasmas por todos lados... Y creo que sí te conozco lo suficiente, y por eso mismo, porque creo conocerte, me extrañó no saber interpretar tus expresiones, así que lo siento y reitero mi agradecimiento por pasar por aquí y leer a este pesimista (que no es más que un optimista realista). Un abrazo.