domingo, 3 de julio de 2011

Luar na lubre


El sábado, igual que hace unas semanas con Acetre, escuchamos a Luar na lubre en Badajoz (me quedé con las ganas de que viniera Rodrigo Leao, pero al final, por causas que desconozco, no pudo ser). El teatro Lope de Ayala casi lleno, al menos el patio de butacas; un grupo de seguidores de Carvajo (Cáceres) que animaron de lo lindo y disfrutaron como niños... y, hablando de niños, mi nieto Alberto como uno más, aplaudiendo, bailando, absorto con la música, encantado con estar allí, aunque un par de veces nos pedía "La luna", refiriéndose a la canción de Acetre "La rueda de la fortuna" que tanto le gusta (Aclaro que Alberto tiene 2 años y 4 meses), y yo encantado con que su educación musical y personal circule por estos caminos, y no por otros...
La música dibuja rutas complejas por los que llevar a sus pasajeros. Los destinos son diferentes, las estaciones se suceden y te permiten bajar de un tren y subir a otro que te lleva a una lugar opuesto, desconocido a veces.
Luar na lubre tiene la singularidad de apasionar con sus encantadoras
melodías celtas, y de hacernos bailar como posesos con sus danzas populares.
Violines, guitarras, tambores, flautas, acordeones, gaitas... un sin fin de sonidos que junto a la voz envolvente de Sara Louraço nos hacen viajar a parajes de misticismo, a épocas de nostalgia, y alegrarnos un poco el día, condimentar la vida (tan áspera a veces).
Así que gracias a estos músicos por esas horas en que surcamos un camino nuevo, un destino de canciones inolvidables, reconocidas... y por facilitar a un niño de 2 años la comprensión más hermosa de la música, educarle en el sonido cóncavo de la vida, y la posibilidad de creer que el mundo puede ser mejor, mucho mejor.
Enhorabuena y gracias.