viernes, 2 de julio de 2010

Me gusta el fútbol...con perdón


Bueno, pues sí, me gusta el fútbol, que le voy a hacer; las cosas son como son y a veces, también, inevitables. Crecí en un patio con cinamomos y moreras (esos arboles de cuyas hojas se alimentaban nuestros gusanos de seda y en verano nos atiborraban de frescas moras blancas y negras). Y entre árbol y árbol imaginábamos porterías que atravesar con nuestros balones de cuero recosido. Corríamos entre el polvo suspendido, elevado por nuestras zapatillas de tela, sorteando las piedras y evitando los jardines y las ventanas de los vecinos del bajo (que menos mal que ponían rejas...). Tardes y tardes hasta el anochecer en que nuestras madres nos llamaban para cenar, no sin antes pasar por el baño para quitarnos todo el sudor y la arena acumulada.
Y por eso me gusta el fútbol, aunque reconozco que más jugarlo que verlo, pero también. Y por eso no entiendo (bueno, si lo entiendo, pero no lo comparto) que ahora que se juega un mundial aparezca una plaga de "modernos intelectuales" que reniegan del fiero deporte rey, que animan sus cotizados artículos con expresiones como "me la trae al pario lo del mundial..." o "me da igual quién gane el mundial...", "no me interesa nada lo del fútbol ese sobre-valorado...", etc.
No les niego la mayor sobre el mal uso de los deportes llamados de masa, ni que es excesivo los dineros que se pagan y que se mueven por esos campos de dios..., pero no es lo único que está desajustado y desproporcionado; ¿o es que no lo está en muchos sentidos el mundo del arte o de la literatura, cine, espectáculos, toreros (que no los pobres toros), televisión, música...?
En todos los casos la desproporción existe, en todos los casos conviven una serie de sicarios (más o menos elevada, más o menos cultivada) que sacan tajada de las masas de seguidores que no aciertan a medir sus gustos "culinarios" con el excentricismo o la pasión desbocada. Y ese es el verdadero problema..., el cuchillo no tiene la culpa del crimen, ni el gusto por un deporte, actividad social, cine-filia, lectura u otras cuestiones que afilan el espíritu artístico o competitivo del hombre, de sus pasiones incontroladas; lo realmente preocupante es dejarse engañar por el fanatismo y descontrolarse. En todos lados cuecen habas, y no siendo tan malo que alguna vez disfrutemos de lo que realmente nos gusta, tampoco es cuestión de dejarse la vida por ello (¿o sí?).
Así que lo confieso, estoy viendo los partidos de este mundial en la medida que me es posible, y por ello me llevo decepciones y alguna grata sorpresa. Y seguiré viéndolo porque si algo mágico tiene este (y otros) deporte es que en cualquier momento surge la jugada, el tiralíneas, el pase perfecto, la magia de un jugador que no sólo usa las piernas, sino también la inteligencia, la picaresca, la pura intuición; claro que para ver todo eso uno ha tenido que convivir en el campo de batalla, entender que como la vida, todo es un juego dónde el azar y el esfuerzo andan zarandeándose mutuamente para que la bola entre y sea el triunfo la consecuencia de que, en realidad, necesitamos la victoria de vez en cuando, porque la derrota nos espera todas las mañanas en el portal de casa y nos persigue a todas partes, pegajosa, caprichosa, empecinada...

¡Ah! y desde luego es mucho más hermoso ver a niños, adolescentes, jóvenes dándoles patadas a un balón que metiéndose quién sabe que mierda en sus venas, sus pulmones o sus hígados (por ejemplo).

2 comentarios:

Paco Vivas dijo...

Tu recuerdas cuantos niños habia hace cuarenta años con problemas psicologicos o de relación? Se pueden contar con los dedos de la mano. Si algo tienen los deportes de equipo, es eso, todos colaboran para ganar y si no para consolarse unos a otros con la derrota. La ipod, la consola, la jeringuilla, etc.. no pueden ayudarte nunca, estás solo.

Bracelli dijo...

Totalmente de acuerdo... falta hacer equipo, la comunicación y la confianza en el de al lado... (¿no te suena a algo así cómo darles patadas a un balón, o encestarlo, o hacerlo pasar sobre una red,...?)
O cambiamos muchas cosas en la educación de los niños, o esto se va al garete... ya verás.