Suelo tener la imperiosa curiosidad de leer todo cuanto cae en mis manos, y si no cae me encargo de buscarlo. Sobretodo lo hago con la poesía. Es imposible conocer las obras de todos los poetas del mundo (en mi caso del mundo castellano parlante, no me acaban de convencer las traducciones), pero en cuanto sale un nombre a la palestra por motivos insospechados o conocidos (algún premio importante, una referencia en algún otro escrito, un consejo de buena mano...) no puedo parar hasta hacerme de alguna muestra de la obra de tal autor.
Eso me pasó con el Premio Cervantes 2009, el poeta mexicano José Emilio Pacheco, del que al final he conseguido una pequeña antología que me traiga su verso y me oriente en el gusto o disgusto de su creación. Afortunadamente estoy disfrutando de la lectura y relectura de la obra poética de Pacheco (totalmente recomendable y por ello creo que afortunado el premio). Cuando acabe la degustación y tenga un concepto más amplio y crítico del mismo, volveré por aquí para contaros. Ahora sólo quiero dejar un pequenísimo poema que me ha parecido muy de actualidad, aparte de ser todo un compendio de la brevedad y la realidad con las que puede jugar la poesía.
El poemita se llama "Envidiosos":
Levantas una piedra
y los encuentras:
ahítos de humedad,
pululando.
Y yo añadiría (con el permiso del poeta y sin que mejore en nada la obra): ...y lo abundan todo y todo lugar de su baba incipiente.
Así son las cosas y así os lo cuento...
2 comentarios:
Si tu supieras lo que hay de verdad en ese poema......
Lo sé, hermano, lo sé... (por desgracia)
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