Retomo este páramo después de un ajetreado verano extraño en que las vacaciones no han sido verdaderamente unas vacaciones, y en que el tiempo no ha sobrado para detenerme a escribir ni en este lugar ni en ningún otro.
Así que cuando he regresado a esta verticalidad me encuentro con que un amigo/a anónimo/a que anima un tanto este cotarro con una interesante visión y exposición sobre mi post referente a la película "el marido de la peluquera" (podéis seguir nuestro "duelo" en el post "que se calle el ruido", que aunque no tiene nada que ver, es ahí dónde se ha tendido el campo de batalla, y que irónicamente viene a ser una metáfora de la vida misma, dónde siempre estallan las guerras en los lugares más inesperados, sufriendo sus avatares inocentes que no tienen culpa alguna de los desaguisados de los contendientes).
Por todo ello, quiero seguir batallando ya en otro foro, es decir sacar las prebendas de esta lid a un campo más extenso (no se si me explico o me entiendo), y venir aquí, a este nuevo post a seguir comentando tan interesante coloquio sobre la obscenidad, lo explicito, lo sensual, el cine francés y los abrazos nada sexuales. Eso sí, recomiendo a los espectadores que antes de seguir se lean los comentarios del post antes mencionado.
Volviendo a la "batalla", me gustaría aclarar que cuando uno dice "No hay que buscar cosas raras dónde no las hay, y si acaso nos incomoda... ¿por qué será?", no tiene mayor implicación que la de preguntar, así, al vuelo, que qué es lo que a muchos/as nos puede incomodar sobre algunas escenas explícitas (o no tanto) de cierta sensualidad u obscenidad. ¿Por qué podemos ruborizarnos al observar ciertos comportamientos sexuales?, ¿qué nos molesta de ellos?, y, sobre todo, si no son violentos, ¿por qué los rechazamos?. Debo confesar que personalmente, alguna vez, en alguna película de tono erótico (no pornográficas, que eso es otro cantar) también me ha incomodado cierta escena o comportamiento, e imagino que tendrá su explicación. Pero todo esto no debe ser ninguna excusa para no otorgar a la calidad del filme sus méritos o deméritos consiguientes.
En el caso de "el marido de la peluquera", sigo considerando que su sensualidad en la mayoría de la película, y sus escenas explícitas cargadas de ¿obscenidad? en algunos momentos breves me siguen pareciendo geniales, y que no afectan negativamente en la historia, pues esta no deja de ser, de alguna manera, un reflejo de nuestras fantasías eróticas o nuestros anhelos de amor apasionado y entregado.
Me sigue pareciendo muy bella, pero entiendo que no todo el mundo tiene las mismas sensaciones ni los mismos gustos, tal vez, tampoco, la misma emotividad, ni las mismas experiencias por las que nos formamos como personas únicas y diferenciadas.
Todos tenemos un extraño mundo individual bajo nuestro cascarón simétrico al de los demás, casi idéntico en forma y color al resto de los humanos, con las mismas entrañas, huesos y músculos, pero tan distinta vida interior que nos hace tan especiales y tan valiosos, y por ello cada muerte innecesaria es tan dolorosa, y por ello también: Quién salva una vida, salva el mundo.
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