jueves 8 de marzo de 2012
Los trabajos del arte...(musical)
Making Making Mirrors - a short documentary from Gotye on Vimeo.
martes 6 de marzo de 2012
Sigur Ros
viernes 2 de marzo de 2012
El odio
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| El Roto (El País 02/03/2012) |
No caben esperanzas en este mundo que se balancea fuera de la estructura puramente humana de la solidaridad. Convivo en la tristeza de saber que sobre todas las cosas, por encima de la ternura o el aprecio (ya sería mucho más serio hablar del amor, que no merece comparación con semejante alimaña), sigue conquistando terrenos y corazones el odio.
Crece la brecha, el abismo que separa los dos mundos. Cada uno atrae sus adeptos. Unos, los de arriba, con la urdimbre codiciosa del dinero, el poder y el mal de altura. Los otros, los de abajo, con la incorporación pausada y sangrante de la pobreza.
Aumentan las diferencias, y en ese devenir callado pero creciente el virus del desprecio también encuentra su acomodo y su alimento. Los poderosos reniegan de los andrajos, los pellejos hueros, las miradas inanes, las moscas de la vida... Los pobres engendran las sombras del abatimiento y miran a sus señores con un rencor disimulado mientras ofrecen sus manos cansadas en busca de la fútil limosna de la esperanza.
No es un hecho sólo concretado en los extremos. La fosa de las diferencias tiene quebrantos intermedios, reflejos urbanos en ciudades con rascacielos y mercados de lujo. Allí el bochorno de la desesperación anida en los parques bajo los cartones y los plásticos, o en los suburbios sin avenidas.
Pero en todos los casos, en la mentira de la paz y en la falacia de las guerras, en los escaparates de la avaricia y en los sótanos de la desesperanza, crece, se reproduce con fiereza el más sanguinario de los odios.
Y lo más sorprendente, lo más inadmisible, lo más cruel de todo este odio, es comprobar como su efigie es adorada en los lugares dónde habita el poder y la usura. Estos seres de ambición desmedida odian a todo y todos los que puedan amenazar su estulticia económica y cretina. Odian a quienes osan molestar con sus palabras o hechos su acomodado sillón dorado. Odian a quienes salen a la calle y vociferan los abusos. Odian a quienes buscan en la justicia un camino contra la injusticia (pobres ilusos desposeídos), y odian a todo ser humano que no diga ni piense lo que ellos no dejan de repetir y pensar: el beneficio y la rentabilidad.
La siembra de tanto rencor va creciendo, y ya se pueden apreciar los primeros brotes emerger en las consciencias de los esclavos mercantilistas, en esa clase media acomodada y miedosa que aferrada a sus puestos de trabajo, sus cuentas de ahorro o sus planes de pensiones, miran de reojo al joven que grita en la calle, el inmigrante que es diferente, el aciano que reclama su derecho a seguir viviendo con dignidad, a la mujer que quiere ser dueña de su vida y su cuerpo, a todo el que amenace su estatus y el de su familia (lo demás no importa)..., más allá de todo eso está el temor, y un poco más allá, el odio, esa fiera alimaña que corroe el corazón del mundo y lo destruye.
Ese es nuestro enemigo, el peor de los contrincantes en esta lucha por conquistar una vida mejor, más justa y solidaria. Ese es nuestro enemigo. Que alguien se lo explique a alguien. Sólo hace falta eso, y un poco de ternura. Nada más o nada menos.
miércoles 22 de febrero de 2012
Lo que quiero ahora

(Artículo de la Periodista Ángeles caso en La Vanguardia.)
"Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo."
http://www.lavanguardia.com/magazine/20120119/54245109494/lo-que-quiero-ahora-angeles-caso.html
jueves 16 de febrero de 2012
El factor humano

Hace ya unos meses me pidieron un prólogo para un poemario de varios autores y que pretendía servir (su venta) para llevar alguna ayuda a las víctimas del terremoto de Haití.
lunes 13 de febrero de 2012
Cosas que pasan
martes 7 de febrero de 2012
Un mundo de contradicciones

Los criterios de la tan manida crisis que nos asola empiezan a ser desconcertantes. En este mundo que nos ha tocado soportar existen multitud de contradicciones, unas más flagrantes y otras de mejor llevar, pero últimamente se están distanciando las diferencias y más entre los “pobres” y los “ricos”.
Pero aquí, también derrochamos, no vamos a ser menos. Desde el nuevo gobierno se amenaza con medidas que nos llevaran a la huelga (no lo digo yo, lo dijo el señor presidente), pero fallece el ínclito Fraga y no es que se celebre un funeral fastuoso, es que se hacen dos, uno en Galicia y otro en Madrid…¿y quién paga todo eso?, y no vamos a meternos, que sería muy largo, en la figura del finado, su historia y su intrahistoria (que no tiene desperdicio), pero no es normal gastarse un euro de más en ninguna celebración por muy importante que parezca, y con ello también me parece erróneo cualquier celebración deportiva-festiva-taurina que campan por sus anchas a lo largo de este país de pandereta.
Si estamos en crisis, estamos en crisis, todos y cada uno de los ciudadanos, porque hacienda somos todos y esto tiene mal solución si no se arrima el hombro desde todos los rincones. Si no podemos tener fiesta y tronío, pues no se tiene hasta que no este resuelto lo de los 5 millones de parado, las hipotecas asesinas o las colas en los comedores sociales.
Ya, es posible que algunos tengamos más culpa que otros, pero visto como anda la justicia por estos pagos, que Garzón está imputado y Camps campa a sus anchas después de cachondearse de media España y estafar a la otra media (salvo a sus amigos y compinches, que hay que ser generoso con tus seres queridos), esto sólo lo arregla un empujón general. Uno que saque de la piel de toro a tanto hijo de la Gran Bretaña que mientras miles de familias se quedan sin casa ni trabajo, ellos, siguen comprando coches de lujo, recibiendo millones para reflotar sus ladrones bancos o asegurándose indemnizaciones por despido o jubilación con las que se podría salvar la economía de alguna que otra región o sacar de la miseria a cientos de miles de niños al sur del mundo.
Mientras, unos señores y señoras que tuvieron el susto en sus cómodas vidas de que se les hundiera el barquito (Costa Cruceros), van a recibir unos 15.000€ por daños morales, más el reembolso de todos sus gastos (incluidas las copas que se bebieron). Y yo me pregunto ¿con qué importe se van a resarcir a las víctimas de la usura bancaria e inmobiliaria, o que gastos se le van a devolver a quienes se les va gastando la vida antes de tiempo y con los estómagos vacíos? … No lo sé, pero van a ser un poco más “ricos” unas cuantas personas “ricas”, y seguiremos día a día viendo caer a quienes no tiene dónde apoyarse porque les tocó vivir dónde no hay felicidad que llevarse al corazón.
Felicidades Reina Madre de la Gran Bretaña, que 60 años no son nada y la crisis no osará en ningún momento ni tan siquiera acercarse a su palacio o a su familia. Aquí seguimos igual de perplejos con este mundo de contradicciones, insolidaridad e injusticias.
Pero esa es otra historia, la que nadie cuenta, salvo en los suburbios de la tristeza.
